viernes, 28 de septiembre de 2012

CRÓNICA DE LA CASA DE LOS CONQUISTADORES PASIVOS
Como si fuera un desfile militar. Las palomas caminaban en forma elegante y coordinada a luchar por un grano de maíz que la gente curiosa les aventaba. Caminaban por ese piso misterioso lleno de historia en donde, siglos atrás, se paseaban  grandes personajes de la conquista del Perú
Las aves son las únicas que pueden divisar de forma muy concreta las construcciones de la Basílica de San Francisco. Ellas tiene su hogar ahí y pueden parar el vuelo en las torres o en las cúpulas y vivir cada día nuestra historia, una historia que por su forma parece ser muy elegante, pero su contenido nos muestra que los muros y cada pieza que existe en la Iglesia es fruto de lo robado y sudor, sangre y lágrimas de esclavos en su propio paraíso.
La primera piedra de la Iglesia de San Francisco se colocó en 1557, en los tiempos del Virrey Andrés Hurtado de Mendoza más conocido como El Márquez de Cañete, después de que Fray Francisco de la Cruz le pidiese a Francisco Pizarro un lugar en donde aposentarse en el nuevo mundo. El principal conquistador no podía negarse, pues traía una orden para ceder un lugar a los religiosos.
Después de un arduo trabajo se logró erguir, en tiempos del Virrey Montesclaros, el crucero y la capilla mayor, para luego empezar las bóvedas de las capillas menores  cubriéndolo de artesonados dorados que reflejaban la luz del triunfo colonialista en la tierra del sol.

La hermosa fachada de estilo Barroco, que hoy en día luce más que descuidada, fue obra de Constantino Vasconcelos en la segunda mitad del siglo XVII. Luego se empezaron a construir las torres, que fueron remodeladas más de una vez por los continuos terremotos que azotaban la ciudad. Los conquistadores parecían ser más tercos que los incas en su conquista.
Esta hermosa “casa decorada”, es visitada por la intriga y la escalofriante energía de sus catacumbas, pues impresionan a más de uno ya que fue un cementerio en los tiempos de la colonia y se dice que estuvo funcionado hasta 1810, logrando albergar a 25.000 personas aproximadamente.
Después de la sufrida historia, a nosotros solo nos queda imaginar, a través de los monumentos históricos, como fue esa época de alegría para pocos y sufrimiento para muchos.  No dejemos que el esfuerzo de nuestros antepasados sea en vano y cuidemos lo impuesto en nuestras tierras, pues están en suelo peruano y es nuestro.

Quincho Chávez Ronald Moisés
Segundo año. Turno tarde.
Redacción III