CRÓNICA DE LA CASA DE LOS
CONQUISTADORES PASIVOS
Como si fuera un desfile
militar. Las palomas caminaban en forma elegante y coordinada a luchar por un
grano de maíz que la gente curiosa les aventaba. Caminaban por ese piso
misterioso lleno de historia en donde, siglos atrás, se paseaban grandes personajes de la conquista del Perú
Las aves son las únicas que pueden
divisar de forma muy concreta las construcciones de la Basílica de San
Francisco. Ellas tiene su hogar ahí y pueden parar el vuelo en las torres o en
las cúpulas y vivir cada día nuestra historia, una historia que por su forma
parece ser muy elegante, pero su contenido nos muestra que los muros y cada
pieza que existe en la Iglesia es fruto de lo robado y sudor, sangre y lágrimas
de esclavos en su propio paraíso.
La primera piedra de la
Iglesia de San Francisco se colocó en 1557, en los tiempos del Virrey Andrés
Hurtado de Mendoza más conocido como El Márquez de Cañete, después de que Fray
Francisco de la Cruz le pidiese a Francisco Pizarro un lugar en donde
aposentarse en el nuevo mundo. El principal conquistador no podía negarse, pues
traía una orden para ceder un lugar a los religiosos.
Después de un arduo trabajo
se logró erguir, en tiempos del Virrey Montesclaros, el crucero y la capilla
mayor, para luego empezar las bóvedas de las capillas menores cubriéndolo de artesonados dorados que reflejaban la
luz del triunfo colonialista en la tierra del sol.
La hermosa
fachada de estilo Barroco, que hoy en día luce más que descuidada, fue obra de
Constantino Vasconcelos en la segunda mitad del siglo XVII. Luego se empezaron
a construir las torres, que fueron remodeladas más de una vez por los continuos
terremotos que azotaban la ciudad. Los conquistadores parecían ser más tercos
que los incas en su conquista.
Esta hermosa
“casa decorada”, es visitada por la intriga y la escalofriante energía de sus
catacumbas, pues impresionan a más de uno ya que fue un cementerio en los
tiempos de la colonia y se dice que estuvo funcionado hasta 1810, logrando
albergar a 25.000 personas aproximadamente.
Después de
la sufrida historia, a nosotros solo nos queda imaginar, a través de los
monumentos históricos, como fue esa época de alegría para pocos y sufrimiento
para muchos. No dejemos que el esfuerzo
de nuestros antepasados sea en vano y cuidemos lo impuesto en nuestras tierras,
pues están en suelo peruano y es nuestro.
Quincho Chávez
Ronald Moisés
Segundo año.
Turno tarde.
Redacción III