sábado, 1 de diciembre de 2012


EL CAMINAR DE UNA BUENA PERSONA

El único ser que deja sus huellas por donde pasa.

Las rajaduras de sus talones y la exagerada anchura de sus pies demuestran claramente que es la única persona que recorre a diario todas las angostas calles del pueblo de Sucre, una emergente campiña ubicada a 15 minutos de la ciudad de Celendín.

Nadie sabe en donde nació. Nadie conoce a su familia. Lleva deambulando años por el pueblo que es conocida por la persona más longeva y por el niño que pronto nacerá.  Son tantos años que lleva rondando que ha visto al pueblo perder sus habitantes y llenarse de nuevos. Ha visto pasar a alcaldes como a burros con leña para venta.

Lleva siempre en sus hombros a sus compañeros más fieles, dos costales viejos en donde guarda sus harapos  y los panes que recibe de la gente caritativa del pueblo. Siempre luce sus  pantalones agujereados en las rodillas y en las piernas. Su camisa, en parte desbotonada, siempre está rota de los codos y una manga más subida que la otra. Su  cabello ensortijado, que sirve de instrumento de práctica para las personas que quieren a prender peluquería,  guarda el polvo de toda la semana, de toda una semana más  caminando.

Temprano, al alba, está caminando por las veredas, seguido por más de media docena de perros, pues estos olfatean  el olor de la comida que le regalan. Cargando sus costales elige en donde desayunar, es la única persona que puede hacer esto en ese pueblo. No sabe si hacerlo en la casa de la esquina o de la derecha o  la casa de la vuelta o podría desayunar en la misma  casa del alcalde, pero él modestamente se va a donde es mejor tratado: una casa humilde de la cual solo podría recibir un pan con café y mucha felicidad y amor.

Con sus ojos inmensamente azules agradece el desayuno del día y se pone a contar sus chistes, chistes que con tal solo ser mirados causa mucha risa. Aunque su vestimenta luzca lleno de agujeros, es muy limpio. Lava su ropa en una acequia de aguas cristalinas y lo pone a secar en los montes.

Como un niño, pues tampoco nadie sabe su edad, juega con sus maderas a armar un arado para ponerse a arar por el pasto y pone de toros a un par de corontas que recoge de las cosechas de maíz y se pone a gritar como si fueran verdaderas reces. Después de su faena, trabajar la tierra, se pone a cantar, canta junto con los pajarillos y su voz es interpretada y conocida por todos  aunque no diga mucho.

Antes de irse a almorzar, otra toma de decisiones para él, se pone a dormir. Se recuesta de espaldas en la llanura verde, coloca sus manos cruzadas a la altura de su pecho y cierra sus ojos color del cielo serrano. Ya dormido, empieza a hacer gestos y nos revela sus sueños en ellos. Se abraza solo y se acaricia el rostro, rostro que lleva arrugas marcadas por el tiempo.

Después de descansar y soñar con lo que más quiere, amor y cariño, recoge sus cosas, se despide con una frágil movida de manos y se dirige a escoger una casa para almorzar, una casa en donde reciba, por lo menos, un poco de su sueño.

A paso lento llega a una de las casas en donde es bien recibido. Casi todas las familias, por no decir todas, cuentan con un plato y un cubierto exclusivo para él. Se sienta en la puerta y espera su rico potaje. Coloca su plato en sus piernas y empieza a saborear con la mano izquierda, come y come hasta lamer el plato y demuestra su buena educación al lavar su plato y su tenedor.

Después de saciar el hambre, se tira otra siesta para levantarse con buenos ánimos para jugar con los perros y seguir caminado. Su destino era recorrer todo el pueblo, como si fuese el supervisor de la ciudadanía. Caminaba y en donde se cansaba se ponía a dormir. Una vida envidiable para muchos en ese pueblo.

En la noche, después de cenar en otra casa de su gusto, busca en donde dormir. Alumbrado por la luna y las estrellas, acomoda sus costales, uno de almohada y el otro de frazada. Se acomoda como un niño pidiendo abrigo, pues el único calor que tiene es el de los perros. Junta sus manos y agradece a Dios por un día más de vida, le agradece en sus pensamientos, pues es mudo y no puede pronunciar, más que una o dos palabras.



EL DESCUBRIDOR DE MACHU PICCHU
Bingham o Lizárraga

En 1913, la revista de la National Geographic dio a conocer al mundo a Machu Picchu, haciendo quedar a Hiram Bingham como el descubridor neto de la “Ciudadela Perdida de los Incas”. Pero para muchos cusqueños, el que descubrió la Patallaqta, el verdadero nombre de las ruinas,  fue su paisano, Agustín Lizárraga.
Ángel Mariano, abuelo de Agustín, junto a su hermano mayor, salieron de su pueblo natal Mollepata, uno de los nueve distritos de la provincia de Anta, en busca de tierras para iniciar una nueva vida, pues no querían servir al ejército peruano. Se establecieron en unas tierras que no eran conocidas y empezaron a sembrar maíz, papa, hortalizas y granadilla y gracias a su esfuerzo fueron ascendiendo como los caminos inca que van de empinada hacia los cerros de la selva. Con el pasar del tiempo, se convirtieron  en prósperos agricultores hasta llegar a extender sus cultivos hacia San Miguel, ruta muy comercial y punto de conexión con el Cusco.

Agustín Lizárraga era arrendatario de los Ochoa, familia dueña de las hacienda Collpani, en donde, aún sin conocerse, se encontraba las ruinas.

El 14 de julio de 1902, en busca de tierras para la agricultura, Agustín Lizárraga,  su primo  Enrique  Palma Ruiz  y Gabino Sánchez, todos arrendatarios, hallaron un camino Inca después de quemar y cortar arbustos muy coposos. Horas más tarde, siguiendo el sendero cerro arriba, encontraron una ciudad de piedra en medio de la abundante vegetación de la selva. Machu Picchu, una ciudad inmensa e imponente ante los ojos de los visitantes,    fue descubierta.
Lizárraga, maravillado por la Ciudadela Inca, escribió su nombre y fecha del descubrimiento, en una de las paredes del templo de las tres ventanas. Después del hallazgo, el cusqueño subió frecuentemente a limpiar las tierras para su cultivo e hizo a sus peones Toribio Richarte y Anacleto Álvarez establecerse en el lugar para sembrar las tierras.
El cusqueño, 1904 hizo la primera guía turística conocida en la historia de la ciudadela, llevó a 12 turistas muy interesados en conocer la majestuosa ciudad, entre ellos a María Ochoa Manga, hija de los Ochoa.
Un sol. Una moneda de un sol, hizo al campesino Melchor Arteaga cambiar de opinión la negativa de servir de guía al flaco que había llegado al Cusco.
Partieron a las ruinas en una mañana muy fría y pasaron por los caminos más agrestes de la selva. Cruzaron el puente artesanal del río Urubamba como si fuesen animales, pues caminaron con sus manos y rodillas.
Ya cansados y con mucho calor, Arteaga ordenó al pequeño Pablo Álvarez, hijo de Anacleto, guiar al turista.


El 24 de julio de 1911, el primer "turista extranjero" llegó a Machu Picchu. Hiram Bingham, un profesor norteamericano de historia interesado en encontrar los últimos reductos incaicos de Vilcabambaguiado por un niño llegó a  Machu Picchu, encontrando a los peones de Lizárraga: los Richarte y los Álvarez, quienes usaban los andenes del sur de las ruinas para cultivar y bebían el agua de un canal incaico que aún funcionaba y que traía agua de un manantial.
Binghan, el descubridor de lo descubierto, quedó maravillado por la ciudadela y gestionó auspicios de la Universidad de Yale, la revista de la National Geographic y del gobierno peruano, para realizar estudios científicos. La revista hizo un artículo completo sobre la nueva maravilla del mundo moderno. El mundo conoció a la joya de Pachacutec.
En 1989, Alfred Bingham, hijo de Hiram Bingham, dio a conocer el diario de su padre donde decía que Lizárraga era el descubridor de Machu Picchu. Además en su libro “Retrato de un Descubridor” señala que su padre eliminó toda referencia sobre Agustín Lizárraga y fotos, en donde se mostraba la imagen de la firma del cusqueño en el templo de las tres ventanas, que anteriormente había borrado.
Debemos agradecer a Hiram Bingham, por hacer masiva la noticia de la existencia de una hermosa ciudad llamada Machu Picchu, contribuyendo de este modo al turismo y al desarrollo del país y más aún, pues ahora es una de las siete Maravillas del Mundo Moderno.