viernes, 5 de octubre de 2012


DE DIABLO A ÁNGEL


El día en que nació, los cielos oscurecieron, las nubes se juntaron, los vientos soplaron hasta tumbar a los árboles más antiguos y el aguacero hizo que el río rebalsara bañando el pastizal de las vacas. Parecía el fin del mundo.
Por el día en que nació, los pobladores de la ciudad de Celendín, principalmente las supuestas adivinas o más conocidas como brujas, pensaban que había llegado el anticristo o un mensajero del mal. Presagiaban que el fin de la humanidad estaba marcada con la llegada al mundo de Juan Guerra Romero, pero las buenas acciones de éste personaje muy pronto empezarían hablar bien de él. 
De niño era como una esponja, pues absorbía toda la educación y los buenos modales que le enseñaban sus maestros y ponerlos en práctica no era ningún desafío para él.
A sus 9 años hizo su primera acción memorable-ya había hecho otras, como ayudar a una anciana a cruzar la calle o recoger flores del campo para las señoras que no tienen dinero para comprar y quieren adornar las tumbas de sus muertos- por la cual empezaría a ser querido por los pobladores de la ciudad. 
Bañándose en el río con sus amigos, ocurrió algo que nadie se lo esperaba y peor aún, ninguno tenía conocimientos para enfrentar dicha situación. Las aguas calmadas y cristalinas del río empezaron a ponerse turbias y el caudal comenzó a aumentar- todo indicaba que había llovido en una zona cerca a pueblo- y en el río solo estaban él y su amigo Dávid, los demás estaban en la orilla. De un momento a otro Dávid desapareció y Juan al no encontrar a su amigo con la mirada se puso a buscarlo como loco, pues temía lo peor. Después de varios minutos de búsqueda lo encontró agarrado de los pastos con mucho miedo, era tanto su miedo que no podía ni hablar. Con el esfuerzo de los demás sacaron a Dávid y lo hicieron sentar para que Juan lo cargara en su espalda hacia el hospital.
En el pueblo la gente vio como el niño llamado mensajero del mal por las charlatanas de la ciudad llegaba al hospital con su amigo en la espalda. Era la novedad del momento o mejor dicho el chisme que todos querían saber. El hospital se llenó de personas.
El único médico que había en el centro de salud atendió de inmediato a Dávid, pues había ingerido bastante agua y estaba inconsciente. Los familiares, que llegaron avisados por los vecinos, estaban muy preocupados.
Después de dos horas el doctor avisó en el buen estado de recuperación que se encontraba Dávid y los agradecimientos a Juan no se hicieron esperar. Desde ese momento fue visto con otros ojos por la población entera de Celendín.
Juan fue creciendo y realizando buenas acciones y ganándose todo el cariño de la gente.
Ahora a sus 52 años es muy respetado y recuerda como una anécdota lo sucedido, además es maestro y enseña en la misma escuela en donde se comenzó a formar.
Es muy grato para él que los niños lo llamen "papá Juan", pues con eso su vida se llena de felicidad y su alma rejuvenece.

No hay comentarios:

Publicar un comentario